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(…) Normalmente nuestra sociedad se preocupa de que el lector
simplemente lea, más de que el lector joven siga adelante en su
progreso y adquiera madurez lectora. Nos preocupamos de que los
jóvenes lean… cualquier cosa mientras lean, y nos desinteresamos
por sus progresos en la interpretación de sus lecturas y en la
gradación de las dificultades. Yo creo que es un error y que debe
exigirse el máximo a los jóvenes y no ahorrarles ningún esfuerzo.
Entre otras muchas razones, porque para convertirles en lectores sin
más, en lectores en general, ya está la industria cultural y sus rebajas
constantes de calidad que desplegará todas sus artes publicitarias
para que pasen a engrosar la estadística del lector-consumidor. Las
instituciones, la escuela, los escritores, están para llevarles más alto.
(…) Mucha literatura juvenil se ha contagiado de lo que George
Steiner llama las terapias de la facilidad, o sea la negación del
esfuerzo y la exigencia, y ha equiparado el género a las producciones
de la cultura de masas, que al atender a la ampliación máxima de las
audiencias, siempre puede bajar un escalón en la calidad para
aumentar el número de lectores de bajo nivel educativo. No se busca
formar buenos lectores en la tradición cultural propia, sino
complacer a los lectores, adularlos, y facilitarles el trabajo de
cualquier manera, y en cualquier tradición, olvidando que la
literatura es un diálogo entre autores y obras, una superación de
temas y técnicas, un avance en los modelos expresivos y en las
fórmulas que describen las experiencias humanas y por ello nos
mejoran no sólo como lectores, sino también como lectores, sino
también como seres humanos.
(…) La lectura en voz alta se redujo en nuestras escuelas en
beneficio de la comprensión, de la lectura silenciosa, pero, como nos
recuerda Georges Steiner, la memoria es el marcapasos de la
inteligencia, no hay inteligencia sin memoria, y en cuanto a la
lectura, la prueba más eficaz para comprobar si alguien entiende
bien un texto es hacérselo leer en voz alta, hacérselo interpretar, o
sea dar su traducción, su versión hablada: los titubeos y las
inflexiones de la voz nos darán la medida exacta de su nivel de
comprensión, de su nivel de lectura. Yo creo que las escuelas
debieran volver a esas prácticas si queremos que los jóvenes se
acerquen a los textos sin dificultades
AUTOR DEL TEXTO: Emili Teixidor.
BUSCADO POR: Mauro Torres 5° 2°
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